“Las mujeres somos importantes en la construcción de paz”

16 octubre, 2014 0

Fuente: RECONCILIACIÓN COLOMBIA

Esta es la historia de la líder Yolanda Perea, quien cree que en la resistencia de la mujer y en su poder de resilencia está la clave para dejar atrás el conflicto.

“La mujer ha sido la más afectada en esta guerra. Es el botín, es a la que violan, a la que ponen a cocinar, la que pare los hijos que se llevan”. Eso dice Yolanda Perea, de 30 años. Luego se queda en silencio y suspira. Pronto toma fuerza y recuerda que cuando era niña fue violada y salió de Riosucio (Chocó) junto con su familia.

Eso pasó hace 19 años, pero ya no hay rencor. Hoy tiene dos hijos, una corporación y hace parte de la Mesa Nacional de Víctimas. Aunque su trabajo le ha valido amenazas de muerte –la más reciente en enero de este año–, demuestra que en la vida hay revancha. “Somos importantes en la construcción de paz. A la mujer la tienen que escuchar”, continúa.

Yolanda ha relatado su historia cientos de veces y lo sigue haciendo porque, según dice, así encuentra fuerza para seguir luchando por las víctimas.

Recuerda que cuando tenía 11 años vivía con su familia en la finca de su abuelo, en la vereda La Pava del municipio de Riosucio. “Un día los adultos salieron de fiesta y yo me quedé sola con mis cuatro hermanos y mi abuelo”. Esa noche, un guerrillero abusó sexualmente de ella. Su tragedia no terminó ahí. Delató al culpable con su mamá, la cual encaró al comandante del frente que actuaba en la zona. En retaliación, Yolanda fue golpeada por un grupo de hombres armados y, meses después, asesinaron a su mamá. Luego vino el destierro.

“Duramos casi un año rodando de aquí para allá. Nos asentamos en Pavarandó (Antioquia) y en Truandó (Chocó), siempre con otros desplazados. Pero noté que me estaban siguiendo. Entonces decidí irme de la zona”, dice Yolanda.

Nace una líder

Llegó hasta Apartadó (Antioquia). Allí se casó y tuvo dos hijos, terminó la primaria y comenzó el bachillerato. En esas estaba cuando una compañera la llevó por primera vez a una reunión de víctimas. “Comencé a ir a las reuniones, me conseguí un trabajo como empleada de servicio en una casa de familia y además era voluntaria en una fundación para ayudar a otras víctimas de Riosucio”, cuenta.

En 2011 recibió la primera amenaza telefónica. Le pedían que dejara de asistir a la gente de su pueblo si no quería terminar como su mamá. Acudió a la Cruz Roja y logró establecerse en Medellín. Con la ayuda del grupo Ruta Pacífica de Mujeres consiguió ayuda psicológica y psicosocial.

Mientras recibía tratamiento siguió adelante con el trabajo por las víctimas. Fortalecida, creó la Corporación Afrocolombiana el Puerto de mi Tierra con la que ayuda a las mujeres de la región. Surgió como líder y fue elegida como única representante de Antioquia en la Mesa Nacional de Víctimas.

Un encuentro

El liderazgo de esta mujer le sirvió para ser una de las protagonistas de las Rutas de la Memoria, una iniciativa de la Alcaldía de Medellín en la que 11 víctimas del conflicto iban contando sus historias en un bus abierto al público por lugares marcados por el conflicto y la violencia.

Un día poco a poco fue contando lo sucedido hace 19 años en su natal Riosucio. Entre los que escuchaban atentos, estaba un hombre sobresaltado con la historia, pálido y asustado. Al terminar, Yolanda habló con el hombre, que ya estaba sumido en el llanto. “Él me dijo –dice la mujer– que había sido parte del mismo grupo armado ilegal que rondaba por Riosucio y que le había causado el mismo daño a muchas niñas como yo”.

Yolanda quedó petrificada. Al salir del asombro y de la inmovilidad le estrechó la mano y le dijo: “Tranquilo, tenemos que pensar en un nuevo mañana, tenemos que trabajar para que estas cosas no vuelvan a pasar”. El hombre secó sus lágrimas y bajó del bus. Yolanda nunca lo volvió a ver.

Según Yolanda, tuvo que vivir ese encuentro para darse cuenta de que ya había pasado la página y que su historia había quedado atrás. Quedó en Riosucio. A pesar de la catarsis, las amenazas son un lunar que mancha la tranquilidad de su nueva vida. Hoy anda por las calles de su barrio con chaleco antibalas y un número telefónico en caso de emergencia. Las autoridades estudian la posibilidad de asignarle un escolta.

La aprensión no la ha acobardado y hoy sigue trabajando por darles una voz a las víctimas y recalca que aunque las mujeres son las que más sufren la guerra, también son las más fuertes. Es un don especial, quizás el de la vida.

Noticia:

http://www.reconciliacioncolombia.com/historias/detalle/86/-las-mujeres-somos-importantes-en-la-construccion-de-paz

 

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